Aventuritas abroad15 Mar 2015

El salón con nuestro cojín de borlas DIY

Ha llegado ese día. Ese día en que entras en casa y la sientes tuya. Ese momento en que las paredes ya están repletas de recuerdos personales. Esa mañana en que te despierta el sol que entra por la ventana y piensas “¡ays! qué a gustito se está en mi cama”, te das la vuelta y te vuelves a dormir, ese punto en el cual ya no te importa lo pequeña o destartalada que pueda ser porque la has hecho tuya y has aprendido a quererla así… ese momento en que te llama el casero y te dice “el mes que viene os tenéis que ir” ¿Cómo?¿Pero por qué? ¿Ya?

Y vuelta a empezar. Nuestra Volgende halte estaba más cerca de lo que pensábamos.

Nuestro mural de ventanas

Ahora tenemos varias fases que afrontar por delante. En primer lugar, hacerse a la idea. Nos enteramos justo un día antes de volver a Valencia y nuestra mente está un poco de vacaciones ahora, pero sé que cuando vuelva a entrar en casa me va a dar una pena horrible tener que dejarla. ¿Soy la única que llora cada vez que cierra la puerta de casa por última vez? Es que soy una sentimental.

Una vez tengamos asumido que sólo va a ser nuestro pequeño mini piso por un mes más, empieza la búsqueda del nuevo hogar. Y no sé cómo será este proceso en otros lugares del mundo mundial pero en Amsterdam puede convertirse en un auténtico martirio. Tiempo, paciencia, un buen presupuesto y mucha imaginación es lo que hace falta. Tiempo y paciencia para buscar con tranquilidad, un buen presupuesto para no acabar en un cuchitril y mucha imaginación para ver más allá de las cuatro paredes despintadas y el suelo basto de hormigón que probablemente serán todos los pisos que vayamos a visitar.

Mi zona de tocador DIY

Y, una vez con las nuevas llaves en mano,…llegará la mudanza. Recoger, empapelar, buscar cajas, empaquetar, etiquetar, desmontar muebles… Al menos, aprovecharemos para hacer limpieza, seguro que nos da para montar un mercadito.

Por cierto, creo que nunca os he enseñado las escaleras de acceso a nuestra casa. Son unas escaleras imposibles, de hecho las llamamos “escaleras de la muerte” o “the holl”, algo así como una mezcla entre “hole” (agujero) y “hall” (entrada de casa). Aquí os las presento:

Escaleras de la muerte

Y ¡ay de ti! como se te caigan las llaves al querer abrir, crean un ángulo tan estrecho con la puerta que al agacharte te da el culo con la escalera, la cabeza con la puerta y la mano no te llega al suelo. Como te descuides tienes que salir por la ventana.

Bueno, pues eso, que por ellas han subido todas las cosas que están en el piso (nevera, sofá y lavadora incluidos, no queráis saber cómo) y por ellas tendrán que bajar. Aunque aún me preocupan más, si cabe, las nuevas escaleras del futuro hogar, a saber, miedito me dan (aunque cueste lo que cueste, yo mi nevera ¡me la llevo!)

Nuestra nevera DIY

En conclusión, que en esas estamos, volviendo a buscar piso en las típicas webs, menos mal que el holandés “nivel inmobiliario” ya lo tenemos dominado. Y también el ojo entrenado para diferenciar los timos, que los hay y muchos. El bueno, bonito y barato no existe en Amsterdam, así que intentaremos que sea medio bueno y barato, que bonito ya lo pondremos nosotros.

Poco a poco os contaré cómo va todo el proceso e intentaré dar algunos consejos por si alguna otra alma cándida anda metida en el mismo berenjenal de cambiar de casa en Amsterdam o alrededores.

No hay mal que por bien no venga y, aunque ahora nos dé un poco de pereza, seguro que esta mudanza y este cambio acaban trayendo un montón de cosas buenas… ¡y un montón de nuevos DIY!

Seguiremos informando.

gracias_noe

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